Me queda claro que la aportación de Pixies al rock alternativo ha sido determinante para toda una generación de músicos alternativos acérrimos a distintas camisetas: “grungeros” como Mudhoney o Kurt Cobain; eclécticos metaleros como Jane’s Addiction o Primus; e incluso una nueva oleada de “indie rockers” como la terna Blonde Redhead, los “neo-glam” Placebo o los “noise-pop” Enon. Y la verdad, es una lástima que Pixies continúe siendo banda de culto underground por las múltiples broncas internas de las que han sido presa, a tal grado de desintegrarlos por 13 años.

Desde el 2004, al parecer, las asperezas se limaron (benditas sean las reconciliaciones mercadotécnicas) y Pixies vuelve a las andadas que los caracterizaban en sus momentos de gloria. Mezclas retumbantes de bajo muy al estilo de un rock clásico en función a Kim Deal; riffs de guitarras más densos y con chubascos de oleadas surf a cargo de Joey Santiago; tamborazos más secos y definidos del percusionista David Lovering; salpicones innegables de feliz y alegre “college rock” y, por supuesto, la contribución en piezas literarias bizarras ricas en religión, sexualidad, amputación sentimental e irreverencias propias de la cultura pop, a través de las cuerdas vocales de Black Francis.

Tal vez mucha gente entre nosotros dirá que Pixies son buenos por la “famita” de revoltosos que se traían, por sus múltiples éxitos que rodaron alguna vez por las radios de México (falacia total), o en el peor de los casos, por ser precursores en tener un nombre “chic” o portadas “alternativas”, pero no va por ahí. La realidad de la fama de estos señoritos se basa en una auténtica creatividad lírica y musical; basta con escuchar “Bone Machine”, “Gigantic” o “Where Is My Mind?” de su intenso y provocativo álbum debut, Surfer Rosa, o rolillas como “Debaser”, “Wave Of Mutilation” o “Here Comes Your Man”, desprendidas directamente de su popular álbum del changuito en la portada, Doolittle, que te topabas por montón en plazas y en selectos pasillos de San Juan de Dios.
Sus producciones posteriores, Bossanova y Trompe Le Monde, abrieron camino a un nuevo sonido de principios de los años 90’s, convirtiéndose a la vez en testamentos del exilio de uno de los embriones del rock alternativo. A 6 años de su regreso, el álbum recopilatorio de sus más selectos trabajos de estudio, Wave Of Mutilation: The Best Of Pixies; su única, oficial y reciente producción en vivo Live In Minneapolis, MN, y el box-set de 5 discos + un DVD, Minotaur, demuestran la actual incapacidad de la agrupación por concretizar un novedoso proyecto en conjunto, y nos hace preguntarnos: ¿existen aún disimilitudes internas o todo es parte de un suspenso publicitario?

Mientras tanto, éste próximo martes 19 de octubre será el día en que, para mi fortuna y la de muchos otros rockeros atrapados en la antigüedad, Pixies deleitará por primera vez a todos aquellos tímpanos tapatíos predispuestos a una volatilidad auditiva, por supuesto, en el Auditorio Telmex.