En estas épocas donde escasea el dinero, hacemos de todo por ahorrarnos unos cuantos pesos. Por esto, el compartir la cuenta al salir a comer a un restaurante pareciera ser una excelente idea. Pero muchas veces, dependiendo de factores de los que yo creo todos hemos sido víctimas, el remedio nos sale mucho peor que la enfermedad.
Aquí te van algunos tips para que tu cartera no sea la víctima de los “gandallas comelones”.

1. Abre bien el ojo antes de abrir la boca.
Al salir a comer a un restaurante asegúrate de conocer bien a la persona que te acompaña, o mejor aún, de conocer su apetito. Si a la hora de ordenar su comida una de estas personas propone el pedir comida al centro para que todos puedan comer un poco de todo, ¡aguas! Típico: piden 3 platillos, de los cuáles tú nada más te comiste medio camarón, porque para cuando querías ir por tu segunda cucharada, tu amigo ya se había terminado todo. Pero eso sí, te toca pagar lo mismo que a todos, y todo para que termines haciéndote una quesadilla llegando a tu casa.
Para prevenir este tipo de situaciones, si en la mesa hay alguien que no conozcas, y proponen el pedir al centro, tú mejor niégate. Así no te la juegas, y si no quieres quedar como el sangrón, invéntate alguna alergia o alguna dieta que no te permite comer tal o cual cosa.

2. La finura te lleva a la bancarrota.
No falta que tienes un amigo súper elegante y refinado, que por más veces que has salido a comer con él, no aprendes. Ya sabes, ese que lleva su sumamente exquisito paladar y pretende transformar hasta la comida más equis en todo un banquete real; es él que pide primero 4 aperitivos, después su plato fuerte (que no sale de langosta o salmón con caviar), y por último sus dos postresitos con lo mejor del chocolate suizo, todo esto acompañado de los mejores vinos de la casa. A la hora de la cuenta, sin importar que tú sólo hayas comido una ensalada con dos hojitas de lechuga y un vaso de agua natural, la cuenta se divide equitativamente, “para ser justos”.
Para estas peculiares situaciones tienes de dos: proponer que cada quien pague lo suyo y soportar que todos te vean con unos ojos que te gritan “¡tacaño!” a los cuatro vientos, o bien, inventarte alguna excusa para retirarte antes de que traigan la cuenta y dejar el dinero que corresponde a lo que tú pediste (más un tanto más, para aquello de la propina y demás) y dejar que los amigos que se quedan se hagan bolas.

3. La finura líquida te lleva a la bancarrota.
Un caso muy similar al anterior ocurre cuando sales un bar. Típico: tu plan original era simplemente salir por una o dos cheves, y por hacerla de cool, dejaste que alguien ordenara el pomo que quisiera para todos. Resultado: terminas pagando una botella de champagne de cristal del 98, que para colmo te dejó con una cruda pésima al día siguiente, a pesar de que apenas y te tomaste media copa (porque no alcanzó para más porque ibas con 10 amigos) y para colmo (más), te gastaste en ella todo el dinero del fin de semana.
Solución: A la hora de pedir una botella, asegúrate de saber qué es lo que quieren pedir tus amigos. Una, para que no termines dejando tu ojo izquierdo empeñado para poder pagar, y dos, para que te asegures de lo que pidan realmente te guste y no te toque de a media copa. En caso de que te acompañen tus amigos los finos y elegantes y quieran pedir la botella más extravagante y cara de la casa, excúsate diciendo que estarás en el bar sólo un par de minutos, entonces para no hacer problema, pedirás “X” o “Y” cosa tú solo (o con el grupo de amigos no tan finos que decidan quieran ser tus cómplices). Después de que ya van dos horas y sigas en el bar, siempre puedes alegar que con tanta fiesta perdiste la noción del tiempo y ya se te hizo tarde para la otra cita que tenías, entonces ya mejor decidiste quedarte toda la noche.

4. Cuentas claras amistades largas.
Cuando de plano es el primer fin de semana del mes y tú ya te acabaste todo el dinero, no tengas miedo en pedir que cada quien pague lo suyo al salir con tus amigos. Después de todo, son tus amigos con los que estás, y tú igual que ellos conocen bien el viejo refrán: “Cuentas claras amistades largas”. O si ya de plano no te quieres arriesgar, siempre existe la buena y muy económica opción de hacer una reunión en casa. Si tú lo deseas puede ser incluso más divertido que salir al lugar más cotizado de la ciudad, y suelen ser muy económicas.
Tu, ¿qué opinas?, ¿tus amigos también te dejan en bancarrota cada que salen a comer? Cuéntanos tus experiencias y comparte con nosotros tus tips para zafarte de las costosas e injustas cuentas.